
Las principales fuentes de exposición laboral a mercurio son la minería (cinabrio), electrólisis, acumuladores, fabricación de instrumentos de precisión, restauraciones dentales, laboratorios, explosivos, tenerías, espumas de poliuretano, trabajos de joyería, etc.
Según RD 1299/2006 de enfermedades profesionales, las actividades descritas para el Mercurio y sus compuestos son:
Extracción, tratamiento, preparación, empleo y manipulación del mercurio, de sus amalgamas, de sus combinaciones y de todo producto que lo contenga, y especialmente:
Las vías de absorción del mercurio son la respiratoria, digestiva, cutánea y transplacentaria. El mercurio metálico prácticamente no se absorbe vía digestiva, pero sí los otros compuestos mercuriales. La absorción vía cutánea llegó a utilizarse como tratamiento de la sífilis mediante ungüentos. El mercurio pasa la barrera placentaria alcanzando concentraciones iguales en sangre que en cordón umbilical. También se han descrito absorciones por vía parenteral con casos mortales por embolismo pulmonar. En el ambiente laboral las principales vías son la respiratoria y la cutánea.
Se distribuye en >80% entre la sangre, los músculos, el hígado y los riñones con una vida media entre 1 a 2 meses. Aproximadamente el 4% se retiene en el sistema nervioso central (SNC) con una vida media de años. Se elimina principalmente por vía renal y menos a través del tracto gastrointestinal, bilis, sudor, piel y leche materna. Se combina con los grupos sulfhidrilos.
Debemos diferenciar la toxicidad aguda tras una exposición a concentraciones elevadas, de la toxicidad crónica tras exposiciones mantenidas.
Toxicidad aguda:
La ingesta de una sal inorgánica (raro y accidental en medio laboral) puede producir un cuadro gastroentérico agudo, estomatitis, colitis ulcerohemorrágica, insuficiencia renal aguda por necrosis tubular con afectación túbulos proximales y shock en casos graves. Puede existir erupción morbiliforme. La vía respiratoria de altas concentraciones produce irritación tejido pulmonar y edema agudo de pulmón.
Toxicidad crónica:
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Boca |
Gingivitis, estomatitis, salivación excesiva, pérdida de piezas dentales, ribete gingival mercurial, (grisáceo-azulado) ulceraciones mucosa oral, dientes color parduzco. |
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Sistema nervioso central (SNC) |
Encefalopatía tóxica (eretismo mercurial). Cambios de carácter y personalidad con timidez excesiva, insomnio, irritabilidad, pérdida de la memoria, alucinaciones, estados maniacodepresivos y temblor intencional. Depresión, Síndrome cerebeloso con temblor intencional y persistente. |
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Sistema nervioso periférico (SNP) |
Excepcionalmente polineuropatías sensitivo-motoras de predominio en extremidades inferiores. Síndrome de Guillain-Barré. |
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Sistema renal |
Alteraciones glomerulares y tubulares que derivan a la insuficiencia renal crónica. Síndrome nefrótico. |
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Piel |
Reacciones cutáneas, dermatitis de contacto o alérgicas. Es un agente sensibilizante. |
No hay evidencia suficiente de capacidad carcinogénica del mercurio orgánico y compuestos metálicos, motivo por el cual se encuentra el mercurio incluido en el Grupo 3 de la IARC.
La presencia de factores extralaborales, como el mercurialismo por ingesta de pescados y moluscos o en el agua, sólo excluiría el carácter profesional de la enfermedad cuando estos factores hayan actuado con la suficiente entidad o intensidad para considerarlos la causa principal de la misma y no haya existido exposición laboral.
El mercurio repercute negativamente a la reproducción humana, afectando los sistemas reproductivo y endocrino tanto en hombres como en mujeres. Sin embargo, los mecanismos moleculares que subyacen a la disminución de la fertilidad asociada al mercurio siguen siendo desconocidos. No debe existir exposición a mercurio o sus compuestos durante el embarazo o lactancia. El mercurio orgánico pasa a la leche materna.
El mercurio cruza la placenta y se acumula en el cerebro del feto afectando su desarrollo. También pasa a la leche materna pudiendo causar daños neurológicos irreversibles en el bebé. Las embrazadas evitarán toda exposición, con separación preventiva del lugar de trabajo. Si no existe puesto adecuado, se considerará aplicar la suspensión laboral por riesgo de embarazo o lactancia.
Los menores también deben evitar toda exposición al encontrarse aún en etapas de maduración del sistema nervioso central agravando la neurotoxicidad afectando las capacidades intelectuales y conductuales de por vida.
Debe evaluarse individualmente limitando en lo posible la exposición de aquellos casos en que un proceso de base pueda agravarse por la exposición al mercurio o a sus derivados: trastornos digestivos, insuficiencia renal leve, trastornos neuropsiquiátricos, afecciones dermatológicas o respiratorias crónicas, patología derivada del consumo alcohólico o trastornos neurológicos degenerativos.
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