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Vaciando la nevera de los falsos mitos de la alimentación

Los falsos mitos de la alimentación parece que han calado fuerte en nuestras mentes, pues los repetimos como un mantra, a pesar de no haber comprobado su autenticidad. Y así, cada vez que nos comemos una hamburguesa o un bocadillo, no podemos evitar sentir un poco de culpabilidad, porque nos hemos creído la falacia de que el pan engorda

Es habitual que en conversaciones sobre recetas, platos y alimentos, siempre aparezcan algunas consideraciones que podemos perfectamente calificar como leyendas o mitos de la alimentación.

Mitos de la alimentación del estilo: "la pasta engorda", "la verdura adelgaza", "la leche aumenta las mucosidades", "el arroz restriñe", "prohibido comer fécula y proteína a la vez"… quimeras o bulos que de tanto repetirse parecen que son ciertos.

Derribando el mito de los "mitos" de la alimentación

Ningún alimento, per se, tiene la capacidad de engordar o adelgazar. El aumento de peso se produce cuando ingresa más energía de la que nuestro organismo necesita o gasta. Y este exceso de energía se produce por un consumo de alimentos en demasía, bien sea por cantidad o porque ingerimos alimentos con muchas calorías.
En función de la estatura, la edad, el sexo, la actividad física y psíquica, y el momento vital de cada persona, ésta necesita consumir "x" cantidad de calorías que le aporten la energía indispensable para vivir.

hombre mirando hamburguesahombre mirando hamburguesaEntonces, una persona que realiza una hora diaria de "footing" ¿si come pan blanco va a engordar? Depende. ¿Qué cantidad de pan va a consumir al día? 100 gramos de pan normal aportan entre 230 calorías y una hora corriendo a ritmo medio consume unas 550 calorías. ¡Hagan cálculos!

De modo que, comer 100 gramos de pan al día, no es lo mismo para ti que para mí. Y al igual sucede con todos y cada uno de los alimentos. Por supuesto, podremos consumir más cantidad de aquellos que son menos calóricos, por ejemplo acelgas, que cada 100 gramos aportan 19 calorías.


El mito de que el pan blanco engorda

Siguiendo con el ejemplo del pan, vamos a profundizar un poco más, pues hay quien dice que es el pan blanco el que engorda.

Hoy en día la variedad de panes a escoger es fabulosa, sobre todo a los que nos gusta. Pan de centeno, de cinco cereales, de aceitunas, de queso, de leña, de leche, de molde.

El pan pertenece al grupo de los cereales, que son el tipo de alimentos nutricionalmente más completos. Proporciona al organismo parte de la energía que éste necesita, particularmente para el cerebro y el sistema nervioso.

Uno de sus principales beneficios es que contiene poca grasa, nos aporta energía y tiene un efecto saciante, aporta vitaminas hidrosolubles del grupo B y numerosos minerales, como el calcio, fósforo, magnesio y potasio, fundamentales para nuestro organismo.

Si consumimos un tipo de pan que contenga otro ingrediente, que le dan sabor al pan, además de las propiedades anteriores, también contendrá las del ingrediente en sí.

¿Entonces el pan integral ayuda a adelgazar?

En el pan integral, el grano del cereal conserva la cubierta, ya que no ha sido sometido a ningún proceso de refinamiento

variedad de panesvariedad de panes
Tanto el pan integral como el pan blanco aportan las mismas calorías. La ventaja del pan integral o de diferentes cereales, es su alto contenido en fibra insoluble, concretamente aporta tres veces más fibra que el pan blanco, de forma que aumenta la sensación de saciedad y ayuda a regular el tránsito intestinal, evitando el estreñimiento.

Además, estos cereales, también aportan una mayor cantidad de minerales y vitaminas, altamente beneficiosos para la salud.

¿Y por qué el pan se suele eliminar de cualquier dieta de adelgazamiento?

Eliminar absolutamente de la dieta el pan, o generalizando, los hidratos de carbono, sería un error. Pero es evidente que, sí lo que se pretende es bajar de peso, lo recomendable es reducir o controlar su ingesta ajustándola a nuestra necesidad vital en ese momento. Como hemos visto antes, todo depende del nuestro gasto energético, es decir, la práctica de ejercicio físico.

Pero, sobre todo, no focalizarlo en el pan o los cereales, como la pasta, el arroz y los derivados del pan, sino también con qué lo acompañamos. No es lo mismo un poco de pan con pavo y queso fresco, que un bocadillo de mortadela o de calamares con mahonesa.


El mito de la fruta, ¿hay que tomarla antes de comer?

Hace un tiempo se instaló la creencia de que la fruta engordaba o dificultaba la digestión si se comía como postre. ¿Por qué? ¿Qué fundamento tenía esta premisa?

La fruta es fruta y es buena a todas horas, sobre todo si comiendo fruta eliminamos de nuestra dieta otros productos menos saludables como helados o postres dulces.

Una dieta equilibrada debe incluir al menos tres piezas de fruta al día, así cubriríamos parte de nuestras necesidades diarias en vitaminas y minerales.

La única ventaja de comer fruta antes de las comidas es que incrementa la saciedad y si nuestro objetivo es adelgazar, entonces quizás comamos menos cantidad.


Mitos ya desmentidos: hay que beber 3 litros de agua al día

Como buena recomendación, se nos dijo a los consumidores que, era muy importante hidratarse y beber agua. Parece que algunos se lo tomaron como si fuera una competición.

Pasamos de un extremo a otro. Que si 8 vasos de agua al día, que si 3 litros diarios… Y entonces, empezaron a aparecer informes sobre lo perjudicial que podía resultar un exceso de agua en nuestra dieta.

Podíamos padecer hiponatremia, lo que es un descenso súbito de los niveles de sodio provocado por beber mucho más líquido del necesario en un corto periodo de tiempo y puede derivar en daños en la musculatura, en los órganos e incluso en el cerebro.

Uno de los mecanismos naturales de nuestro cuerpo es indicarnos cuando necesitamos hidratarnos y lo hace de forma muy sencilla. Provocando que tengamos sed. La sed nos indica cuándo y cuánto hay que beber.
Tenemos que beber el agua que necesitemos, que puede ser más o menos esos 2 litros, pero no es igual para todos, dependerá del peso, la actividad física, la propia morfología de cada cual e incluso el medioambiente.
Y tampoco no será igual cada día, puede variar en función de la actividad del aquel día y de nuestra dieta.
Pero es mejor no beber agua durante las comidas...

Se trata del mismo mito que ocurría con la fruta. El agua es fundamental en nuestra dieta. La única diferencia de consumirla antes de las comidas es que nos saciará y luego no tendremos tanta hambre.


La miel es más sana que el azúcar

En general, existe la idea de que la miel es un producto mucho más sano que el azúcar.

Y es cierto que, la miel en estado natural, sin ser sometida a ningún tipo de proceso, tiene propiedades excelentes y muy beneficiosas para la salud, gracias a la presencia en su composición de minerales, enzimas, vitaminas y antioxidantes.

Si hablamos de miel industrial, el tema es muy diferente, pues los procesos térmicos (como el calor) a los que se somete la miel, pueden muy probablemente acabar con gran parte de estos nutrientes.

Y también es cierto que la miel no deja de ser una solución acuosa concentrada de azúcares, concretamente un 18% de agua y un 82% de azúcares.

Pero es preferible la miel para los diabéticos…

En base a su composición con respecto a la cantidad de azúcares, la única diferencia entre el azúcar y la miel, es que la miel endulza más que los azúcares refinados, de modo que con menos cantidad obtenemos mayor dulzor. Sin embargo, produce un aumento de la glucosa en sangre parecido al azúcar. Así que, ¡con cuidado!


Mitos de las intolerancias: todos los adultos son intolerantes a la lactosa

Una nueva ola de intolerantes a la lactosa parece que ha surgido de la nada. De repente, un gran número de personas se ha pasado de la leche "de toda la vida" a las bebidas vegetales: soja, avena, almendras, arroz…

Y el origen de esta intolerancia parece estar en el principio de que los adultos no pueden digerir la lactosa.

Es verdad, que ciertas personas, con la edad, pierden la actividad enzimática que facilita la digestión de la leche y sufren ciertas molestias digestivas al tomarla. Pero no le sucede a todo el mundo.

Si bien es evidente que, el ser humano es el único mamífero que continúa tomando leche de adulto, también es indiscutible que, esto es gracias a que el hombre es el único que tiene la capacidad de extraerla de otros animales. Pero precisamente por este motivo, ha generado que, con el tiempo, esa capacidad enzimática de digerir la leche se haya mantenido en las sociedades habituadas al consumo de leche de vaca en adultos.

Es justamente lo contrario que sucede cuando se deja de tomar la lactosa sin ser intolerante. Se detiene la producción de esta enzima y, cuando se intenta a volver a tomar leche con lactosa, ya no podemos digerirla y nos sienta mal.


Mitos de la alimentación: los productos "light" no engordan y son más sanos

¡Cuidado! Hemos llegado al fabuloso universo de las etiquetas, el marketing y la publicidad.
Lo que se vende como "light" no representa que sea sinónimo de saludable, que adelgace o que esté absolutamente libre de grasas.

Debemos aprender a leer bien las etiquetas y estar bien informados de qué es lo que realmente estamos consumiendo y qué significa que un producto lleve un rótulo en el que diga: "light".

La ley fija que se puede etiquetar un producto como "light" si contiene menos del 30% de calorías que el producto similar (el original, por así decirlo). Esto no quiere decir que no engorde, quiere decir que contiene menos grasa. En ningún caso, nos da permiso a comer más cantidad porque no engorde.

Más fundamental que la cantidad de grasa, sería fijarnos en la calidad de la grasa que consumimos.

Desconfiemos de los mitos sagrados de la alimentación

Es muy sano dudar. Esto nos animará a confirmar y corroborar si la información que recibimos es cierta o no.
Por muy fácil que sea actualmente acceder a la información, a veces resulta que estamos más "infoxicados" que informados. Son muchos los artículos, noticias, tuits… que nos llegan a diario. Y tenemos más trabajo en discernir qué es cierto y qué no.

Los falsos mitos sobre la alimentación pueden estar afectando a nuestra nutrición. Así que, mejor invertir un tiempo y acudir a fuentes rigurosas para comprobar si realmente los bulos que corren son veraces o no.


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