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COVID persistente o condición post COVID

Desde el inicio de la pandemia se ha venido detectando un porcentaje de personas que refieren una serie de síntomas prolongados y recurrentes, durante semanas o meses, tras el primer episodio de COVID-19 e independientemente de la gravedad de éste.

Es lo que se ha llamado con diferentes terminologías: condición post COVID-19, COVID persistente, COVID crónico, "Long COVID" (terminologías más utilizadas en España), long-effects o long-term effects (en inglés) o symptômes prolongés de la Covid-19 (en francés).

La definición acordada por la Organización Mundial de la salud (OMS), con el consenso de pacientes, cuidadores y expertos internacionales, describe esta enfermedad como: "la condición que ocurre en individuos con antecedentes de infección probable o confirmada por SARS-CoV-2, generalmente tres meses después del inicio, con síntomas que duran al menos dos meses y no pueden explicarse con un diagnóstico alternativo"

Los síntomas comunes incluyen fatiga, dificultad respiratoria, disfunción cognitiva, entre otros, y generalmente tienen un impacto en el funcionamiento diario. Pueden ser de nueva aparición después de la recuperación inicial de un episodio agudo de COVID-19 o persistente desde la enfermedad inicial. Además, pueden ser fluctuantes o permanecer en el tiempo".

El Síndrome Post COVID es una patología emergente con entidad propia, que condiciona la prolongación de las bajas por infección, dando lugar a limitaciones funcionales que perduran semanas o meses tras la misma, y que produce un elevado impacto en la calidad de vida, ámbito social y laboral, pudiendo ocasionar un retorno laboral dificultoso.



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Cuando alcancemos el control de la situación pandémica y ya no suframos las olas actuales por las diferentes variantes de SARS-CoV2 tendremos que enfrentarnos a la situación provocada por este síndrome.

Afecta a pacientes de cualquier edad, incluso pediátricos, aunque la mayor incidencia se produce en mujeres, en edades medianas de la vida y con problemas de salud subyacentes.

Según los estudios realizados puede dar lugar a más de 50 síntomas (algunas publicaciones identifican más de 200 síntomas), que se presentan de forma múltiple en la mayoría de la ocasiones. En muchas ocasiones las personas afectadas presenta síntomas difusos, con pruebas diagnósticas, funcionales, o analíticas no concluyentes lo que aumenta la dificultad de objetivar los casos.

Se desconoce la base fisiopatológica de este síndrome y se barajan varias teorías: la persistencia del virus en reservorios como el epitelio del intestino delgado desde donde continuaría activo, por la presencia de una respuesta inmune aberrante, por el daño producido por el efecto de autoanticuerpos contra proteínas inmunomoduladoras o por la hiperactivación de la coagulación y las plaquetas.

Por otro lado, es pronto para afirmar si con las nuevas variantes se va a presentar la misma sintomatología persistente.

Los síntomas más frecuentes según la OMS son:

  • Cardiovasculares: ritmo cardíaco –sobre todo, taquicardias–, presión arterial, varices, trombos, dolor torácico –angina de pecho–.
  • Dermatológicos: picores, urticaria, exantemas, cambios en piel y uñas, alopecia, perniosis, nuevas alergias.
  • Gastrointestinales: dolor abdominal, molestias/dispepsia, reflujo, intestino irritable, anorexia, diarrea, estreñimiento, disfagia.
  • Inmunológicos y autoinmunes: nuevas respuestas inmunes o aumento de las existentes, nuevas alergias/intolerancias a alimentos o fármacos.
  • Musculoesqueléticos: dolores osteomusculares y articulares, espasmos musculares, presión torácica, debilidad muscular, sarcopenia.
  • Neurológicos: deterioro cognitivo, mareo, pérdida de memoria, niebla mental, alteraciones del lenguaje, alteraciones de la sensibilidad (parestesias), trastornos del sueño, cefaleas, alteraciones del gusto o/y olfato, alucinaciones, visión borrosa, cuadros confusionales, parálisis facial, disautonomía.
  • Otorrinolaringológicos y oftalmológicos: parálisis facial, ojos secos, visión borrosa, dolor de garganta, disfonía, acúfenos, vértigo.
  • Psiquiátricos: ansiedad, bajo estado de ánimo, depresión, trastorno de estrés postraumático.
  • Pulmonares/respiratorios: disnea, tos seca, estornudos, alteraciones en la saturación de oxígeno.
  • Reproductivos, genitourinarios y endocrinos: alteraciones de la menstruación, relaciones sexuales, función de la vejiga urinaria hiperactiva, debut diabético y alteraciones en tiroides.
  • Sistémicos: cansancio, fiebre o febrícula, debilidad, sofocos, sudoración, exacerbación tras el esfuerzo y pérdida ponderal.

Pero los síntomas más limitantes, en cuanto a su repercusión laboral, son:

  • en la esfera física la fatiga (bajo umbral de resistencia al ejercicio), la astenia (cansancio en reposo), la disnea (falta de aire) la afonía, la tos o las artralgias;
  • en la esfera psíquica la ansiedad, la depresión, el insomnio, y el trastorno de estrés postraumático (pacientes con Síndrome Post-UCI) y en la esfera neurológica "niebla mental" (desorientación, olvidos, confusión y dificultad para concentrarse), cefaleas, y crisis epilépticas.
  • en la esfera cardiovascular taquicardias o edemas; y otros síntomas como dolores musculares, pérdida del olfato o malestar general.

Los síntomas pueden: fluctuar o persistir en el tiempo, empeorar con el esfuerzo físico y mental o provocar limitación de la capacidad funcional.

No existe un tratamiento específico aunque se están barajando varios, pero se necesitaría un abordaje multidisciplinar para combatir todos los frentes que presenta esta afección.

Como norma, la mayoría de los síntomas se resuelven entre los 3-6 meses tras la fase aguda, lo que no niega que la disfunción de algunos síntomas vaya más allá de este plazo. La duración de la Incapacidad Temporal, deberá adecuarse a la intensidad sintomática y el trabajo que se desempeña.

El Ministerio de Sanidad modificó el 18 de Noviembre de 2021 el Procedimiento de actuación para los Servicios de Prevención de Riesgos Laborales frente a la exposición al SARS-CoV2 para incluir un capítulo dedicado al COVID PERSISTENTE, COVID CRÓNICO O "LONG COVID" en el que se indica que "los trabajadores y trabajadoras que hayan sido diagnosticados de Long COVID una vez reincorporados a su puesto de trabajo, deben ser valorados por el personal sanitario del servicio de prevención para determinar si requieren o no adaptaciones en su puesto de trabajo en función de sus limitaciones". Esta valoración sería equiparable a los exámenes de salud por reincorporación tras baja prolongada, y tendrían el objetivo de establecer las necesidades preventivas que eviten que cualquier riesgo presente en el lugar de trabajo pueda dañar o agravar el estado de salud de esa persona.

¿Qué podemos hacer para evitar el Covid persistente o condición post Covid?

La única medida de que disponemos en estos momentos es evitar contagiarnos e insistir en las medidas conocidas por todos:

  • Vacunarse.
  • Usar mascarillas de calidad.
  • Lavarse las manos frecuentemente con jabón o gel hidroalcohólico.
  • Evitar estar con otras personas en espacios cerrados.
  • Ventilar las estancias.
  • Mantener la distancia de seguridad con otras personas.
  • Someterse a pruebas rápidas y periódicas para detectar posibles contagios de COVID-19 e impedir la propagación del virus.

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