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Comer para vivir, un concepto que hemos olvidado

Las modas nos arrastran a dejarnos llevar por las dietas détox, por las que nos aseguran adelgazar en muy poco tiempo o por los súper-alimentos. Sin embargo, todo esto suele tener un objetivo, compensar los excesos que hemos cometido por otro lado.

Entre toda esta vorágine de información dietética en la que vivimos deberíamos dejar paso a la cordura, para entender dónde está el origen del problema. Y este, no es ni más ni menos que el haber olvidado el objetivo de alimentarnos.
Para poner el foco en su sitio, vamos a tener en cuenta 3 conceptos muy básicos que nos servirán para centrarnos en el tema:

¿Qué es la alimentación?

Es el proceso por el cual los seres humanos ingerimos alimentos. Va desde la elección de alimentos, su procesado y su ingesta.

¿Qué es la nutrición?

Se trata de un concepto bioquímico por el cual, tras la ingesta de alimentos nuestro organismo aprovecha todos sus nutrientes para cubrir las necesidades del ser vivo.

¿Qué es el hambre?

Es una respuesta de nuestro organismo a la falta de nutrientes, principalmente de energía. De esta manera, cuando sentimos hambre nuestro organismo demanda alimentos que cubran esta necesidad.

Como veis, la alimentación es un proceso muy importante ya que tiene como finalidad mantener nuestras funciones vitales. Sin embargo, ¿cuántos de nosotros tenemos esto presente cuando nos planteamos elegir nuestros alimentos?. Por lo general estas son las razones que nos llevan a elegir un alimento:

  • Determinantes biológicos como el hambre, el apetito y el sentido del gusto.
  • Determinantes económicos como el coste de los alimentos respecto a los ingresos.
  • Determinantes físicos como el tiempo disponible o las capacidades individuales que nos permiten cocinar o hacer la compra.
  • Determinantes sociales como la cultura, la familia, los compañeros de trabajo y los patrones de alimentación.
  • Determinantes psicológicos como el estado de ánimo, el estrés y la culpa.
  • Actitudes, creencias en materia de alimentación.

La desinformación dietética resulta bastante llamativa, sobre todo si tenemos en cuenta que nuestras madres y abuelas (tan solo una generación antes que la nuestra) eran muy conscientes de que los alimentos servían para nutrirnos y su carencia o exceso estaba asociado con la enfermedad. ¿Es posible que el hecho de no haber experimentado hambrunas nos haya hecho más frívolos con el tema de la alimentación? No digo que sea necesario pasar una época de hambruna, pero quizás tener tal accesibilidad a los alimentos nos haya hecho perder el contacto con la realidad, tanto para el exceso como para el defecto. Cuando tenemos una restricción calórica no suele ser precisamente por necesidad, sino por propia elección.

Para ser consecuente y dar respuesta a las necesidades de tu organismo, sin caer en modas ni poner en riesgo tu salud te proponemos:

5 consejos para una alimentación consciente:

1. Hazte consciente de tus necesidades nutricionales. Éstas dependerán del género, edad, actividad diaria y tu situación fisiológica individual (embarazo o lactancia, enfermedades de base, genética,...).

2. Diseña un plan dietético semanal en el que contemples todos los alimentos, incluidos los que tomas en la merienda o media tarde. De esta manera te asegurarás de que cubres tus necesidades mientras cuidas de tu economía. Al elaborarlo en casa, estarás diseñando un menú con necesidades básicas y no darás cabida a los dulces o snacks de picoteo. Así, cuando llegues al mercado será más difícil caer en alimentos insanos que no necesitas.

3. Incluye todos los grupos de alimentos (cereales naturales, frutas y verduras, carnes, pescados, huevos,...) y evita los ultra procesados, ya que estos son los verdaderos causantes del aumento de peso y la mayoría de enfermedades asociadas a la alimentación. Evita también los alimentos dietéticos, no son saludables y contienen sustancias que no necesitas, además de encarecer el precio final de tu cesta.

4. "El que mucho abarca, poco aprieta". A veces las ganas de hacer las cosas bien nos pueden. Intentamos hacer una dieta súper saludable y mantener una vida activa, así que nos ponemos como si fuésemos chefs y planeamos platos muy complicados que no podremos llevar a cabo. Después, frustrados, terminaremos desistiendo y bajando a comprar cualquier cosa rápida que no requiera un gran esfuerzo ni nos haga pensar en nuestro fracaso. Es importante ser conscientes de nuestras limitaciones. Comer saludable no es sinónimo de comer platos muy elaborados. La mayoría de los platos saludables no nos quitarán más de 30 minutos en la cocina ni requerirán grandes conocimientos gastronómicos.

5. Ante la duda, acude a un profesional. La información que lees en internet no siempre responde a tus necesidades individuales, ya que son siempre recomendaciones generales. Un profesional te orientará sobre cuáles son y cómo puedes cubrirlas, ajustándose a tu estilo de vida y características personales.


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Sobre el autor

  • Ana Fraile Oliva 100x100Ana Fraile Oliva 100x100

    Nutricionista especializada en Empresa Saludable

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