
Durante el verano, el aumento de las temperaturas medias y la aparición de olas de calor someten al organismo a un importante estrés térmico. Cuando las condiciones ambientales superan la capacidad de adaptación del cuerpo, pueden aparecer alteraciones que van desde un malestar leve hasta situaciones graves con riesgo vital, como la insolación o el golpe de calor.
Comprender cómo responde nuestro organismo al calor y reconocer los signos iniciales es clave para actuar a tiempo y prevenir complicaciones.
El ser humano es un organismo homeotermo, es decir, mantiene su temperatura interna estable en un rango estrecho (entre 36,5 °C y 37,2 °C). Este equilibrio lo controla el hipotálamo, una estructura cerebral que actúa como un "termostato".
Cuando el hipotálamo detecta un aumento de temperatura, activa mecanismos para disipar el calor:
1. Vasodilatación periférica
El corazón aumenta su actividad y dirige más sangre hacia la piel. Así, el calor interno se transporta hacia la superficie corporal para liberarse al ambiente mediante radiación y convección.
2. Evaporación del sudor
Cuando la temperatura ambiental es elevada (por encima de 35 °C), los mecanismos anteriores resultan insuficientes. En ese momento, el enfriamiento depende de la evaporación del sudor.
Este proceso es eficaz solo si el sudor se evapora; con alta humedad ambiental, el sudor no se evapora correctamente y el cuerpo pierde líquidos y sales sin lograr enfriarse.
El daño térmico no aparece de forma brusca, sino que progresa en fases si no se interrumpe la exposición.
Insolación (fase inicial)
Se produce cuando el organismo alcanza su límite de compensación debido a la pérdida de agua y electrolitos por sudoración prolongada sin reposición adecuada.
Esto provoca deshidratación y disminución del volumen sanguíneo, obligando al corazón a trabajar más para mantener la presión y el flujo sanguíneo cerebral.
Síntomas más frecuentes:
Golpe de calor (fase grave)
Se produce cuando no se actúa a tiempo y el mecanismo de regulación térmica falla completamente. La temperatura corporal supera los 40,5 °C y aparece una alteración grave del sistema nervioso.
Síntomas característicos:
El golpe de calor es una emergencia médica que requiere atención inmediata.
Golpe de calor clásico (pasivo)
Se produce por exposición prolongada al calor sin esfuerzo físico y afecta principalmente a:
Golpe de calor por esfuerzo
Aparece en personas jóvenes y sanas que realizan actividad física intensa en ambientes calurosos (trabajadores al aire libre, deportistas, etc.). En este caso, el calor se genera internamente a un ritmo que el cuerpo no puede compensar.
El tiempo es determinante. La supervivencia depende de reducir rápidamente la temperatura corporal por debajo de 39 °C.
Actuación inmediata:
Evitar:
El golpe de calor no es un fenómeno imprevisible, sino la consecuencia de una exposición al calor sin las medidas adecuadas. La prevención es la herramienta más eficaz.
Medidas esenciales:
El organismo humano dispone de mecanismos eficaces para regular la temperatura, pero tienen límites. Cuando se superan, pueden aparecer problemas graves como la insolación o el golpe de calor.
Actuar con prevención, reconocer los síntomas iniciales y saber responder de forma adecuada son las claves para disfrutar del verano sin riesgos.
Suscríbete a nuestro blog para estar al día en Seguridad y Salud laboral. Te enviaremos un newsletter mensual con lo más interesante de Prevenidos