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¿Cómo afecta el sueño a la salud y el rendimiento en el trabajo?

El sueño es un estado fisiológico de autorregulación y reposo del organismo. Es una función vital, no se puede vivir sin dormir. Se caracteriza por tener bajos niveles de actividad fisiológica y menos respuesta a estímulos externos.

Es curioso que sabiendo lo necesario que es el sueño para el buen funcionamiento de nuestro organismo, tanto físico como psicológico, esté tan expuesto a múltiples factores que pueden alterarlo. Ni que decir, de la variabilidad de trastornos y disfunciones que de por sí se pueden producir en el acto del dormir.

Por tener un escueto conocimiento de estos trastornos, con los que posiblemente en alguna ocasión podamos sentirnos identificados, sólo dos apuntes:

• Las disomnias son alteraciones que se dan en la propia actividad del dormir: por ejemplo, el insomnio (dificultad en el inicio o manteniendo del sueño), el síndrome de las piernas inquietas, la narcolepsia, los trastornos ligados a horarios demasiados rígidos, el síndrome de los vuelos transmeridianos ("jet lag"), los trastornos relacionados con el trabajo a turnos…

• Las parasomnias son fenómenos que ocurren durante el sueño: sobresaltos del sueño, pesadillas, bruxismo del sueño…

Al margen de estos trastornos, (que pueden o no aparecer) lo que está claro es que las reacciones emocionales son las que más van a influir y condicionar la calidad de nuestro sueño. De entre todas ellas, la ansiedad es la que más nos altera ya sea para poder dormir o para alcanzar un sueño de calidad.

¿Afecta el sueño en el rendimiento profesional?

Un nivel de ansiedad moderado genera dificultad para conciliar el sueño. Ese retardo en dormir, favorece la presencia de pensamientos intrusivos, relacionados con los efectos que tendrá al día siguiente el no haber podido descansar.

Todos estos pensamientos, aumentan la activación fisiológica y también emocional, provocando una mayor respuesta de ansiedad que se retroalimenta por sí misma y que agrava las condiciones para poder dormir.

Evidentemente, al día siguiente ese "mal dormir" nos coloca en un punto de partida de "bajo cero", y sin el alimento necesario del cerebro, nos disponemos a afrontar las tareas cotidianas profesionales y personales. Nuestra falta de "combustible" natural, es la causa principal para que en ese nuevo día laboral tengamos dificultad a la hora de mantener la atención y concentración, algo que puede provocar un despiste o error y causar un accidente. También genera irritación, un estado de ánimo con el que será difícil llegar a conciliar en una reunión o comunicar un mensaje de forma adecuada. De igual manera, ese sobre esfuerzo que se hace, puede llegar a generar un bajo estado de ánimo, que nos dificulte la toma de decisiones o la asunción de responsabilidades.

De hecho, parece que el cansancio diurno presente en la persona que sufre insomnio, tiene mucho más relación con la ansiedad, que con la propia ausencia de sueño. Y para cerrar el círculo pernicioso, hay que decir que el insomnio es uno de los síntomas que con más frecuencia están presentes en los trastornos de ansiedad.

¿Qué se puede hacer para afrontar este problema?

En el proceso de conciliar con éxito el sueño hay dos variables presentes:

• La activación psicofisiológica: palpitaciones, respiración agitada, tensión muscular…

• La activación cognitiva: la presencia de pensamientos intrusivos que aparecen en la situación relacionada con el sueño. Su contenido está relacionado con la dificultad en conseguir conciliar el sueño, en las consecuencias negativas para el día siguiente, o en la escasa calidad que tiene este.

En cualquier caso, sea cual sea la variable o variables que estén presentes, con la ayuda de un profesional de la psicología se pueden aprender técnicas para afrontar estas circunstancias. Para reducir el nivel de activación psicofisiológica lo mejor es la relajación o biofeedback y para para reducir la activación cognitiva, es decir, para reducir la presencia de pensamientos intrusivos, se trabaja con técnicas de detección de pensamientos, o reestructuración cognitivas, entre otras.

El objetivo de ambos procedimientos es reducir el nivel de híper activación general. De esta forma el individuo percibe que domina la situación y esto disminuye la dimensión de los efectos desastrosos del problema, con lo que conseguimos que la ansiedad se reduzca y por ello, la activación también.

Además, hay algunos hábitos que pueden ayudarnos a restablecer la higiene del sueño. ¡No te los pierdas!

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Comentarios
  • Carlos
    27 julio 2018a las 18:06
    Hay muchas formas de combatirlo.
    Lo primero es no Usar el ordenador o el móvil durante las doras anteriores a meterse en la cama.
    Lo segundo es hacer algo de ejercicio
    y Luego a la hora de dormir y ya en la cama utilizo una técnica que llamo "El pensamiento alternativo"
    Es centrarse en un pensamiento que no nos preocupe o que no tenga importancia y centrarse en él de forma que el cerebro no vaya hacia las preocupaciones.
    Por ejemplo pensar que haríamos si nos tocara un premio de 2 millones de €, que nos compraríamos que haríamos con el en el banco etc. y te duermes enseguida.
    Hay técnicas mucho mas sofisticadas y mejores pero eso es para un curso especial con especialista,.
    Prevenidos
    30 julio 2018a las 0:00

    Hola Carlos,

    muchas gracias por tus aportaciones que enriquecen nuestro artículo.

    Un saludo

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Sobre el autor

  • Marta Sanz RamosMarta Sanz Ramos

    Psicóloga del Programa Executive, clínica de Quirónprevención en la que directivos de distintas compañías se someten cada día a reconocimientos médicos.

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