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La prevención en el sector agrario

La evolución de la agricultura en nuestro país ha sido, y en gran parte sigue siendo, el reflejo de la sociedad rural en los últimos siglos. Cualquier mínimo cambio en los sistemas de producción agrarios repercutía en el modo de vida y estructura social de los pueblos y regiones. Baste un ejemplo: podríamos discutir en qué grado el gran éxodo rural de Andalucía, Aragón, Extremadura y Castilla de los 50 y 60 hacia las zonas donde los gobiernos de entonces favorecieron la creación de industria, es decir, Vascongadas, Madrid y Cataluña, fue provocado por la demanda de mano de obra en estas regiones o por la implantación de sistemas mecánicos de siembra y cosecha que arrojaron un excedente importante de mano de obra, repercutiendo drásticamente en la vida de aquellos que hasta entonces se ocupaban de esas labores.

Hoy, igual que entonces, la diversidad de climas y terrenos hace que en España haya zonas donde el sector agrario tiene muy poco peso y otras donde tiene una gran importancia en la economía y, sobre todo, en el mantenimiento del tejido social de regiones enteras.

La llegada de la prevención ha sido muy reciente para este sector y aún no ha traído cambios significativos a la forma de entender y organizar el trabajo agrario; y cuando hablo de trabajo agrario, me refiero a aquellos autónomos y pequeñas empresas que se ocupan realmente del proceso de siembra, cuidado y cosecha de cualquier producto agrícola, no de la industria de transformación de esos mismos productos.

Hay muchos factores que han influido en que la Prevención de Riesgos Laborales (PRL), tal y como la entendemos hoy en día, haya tenido una implantación desigual en la agricultura. En primer lugar, la baja profesionalización del sector. Muchos trabajadores agrícolas se dedican a estas tareas como segundo empleo, en fines de semana o en ausencia de otro trabajo mejor remunerado.

En segundo lugar, la baja formación en la materia. Hasta ahora no hay un sistema de formación regulado que obligue a alguien que se incorpora al sector a justificar su capacitación con horas de formación. Recientemente la exigencia de titulación para el manejo de fitosanitarios o para recibir ayudas para la incorporación de jóvenes, ha obligado a muchos a acudir a cursos específicos en estas materias, aunque es cierto que, en esta formación específica, la PRL tiene una papel secundario.

En tercer lugar, el poco interés en esta materia de los diferentes agentes que participan en el sector y que influyen de una forma u otra en el trabajador agrario (sindicatos, organizaciones, cooperativas). Hay que tener en cuenta que, sin la participación de estos actores, es muy difícil acceder al trabajador agrícola para conseguir cambios en su forma de trabajar que minimicen los riesgos en su puesto.

En cuarto lugar, la legislación. El autónomo siempre ha sido un ‘verso suelto’ en la Ley de PRL, incluso si hablamos de protección social. Hay que tener presente que la mayoría de los trabajadores agrarios lo son por cuenta propia y se dieron de alta en el ya extinto REA. En otros sectores (transportes, construcción, servicios, etc.), la frecuente subcontratación ha hecho que el autónomo o pequeña empresa se adapte a las exigencias preventivas de la empresa principal, que es quien le paga. En cambio, la realización de labores agrarias en explotaciones de terceros, aunque muy habitual, no trae consigo el justificar al titular de la explotación el cumplimiento de estas exigencias, entre otras cuestiones, por falta de cultura preventiva.

La implantación de la prevención, como todo cambio que se produce, es costoso, genera reticencias y se puede ver como una amenaza. Conseguir que se vea como una oportunidad de mejora en un sector con condicionantes tan importantes como el agrario, es una tarea aún más compleja. La agricultura y los que viven de ella, aunque invisibles en los medios de comunicación, y mal que les pese a algunos, siguen siendo un grupo muy importante para nuestra nación, por razones sociales, pero también económicas. Sirva el ejemplo de la reciente crisis; en aquellos lugares donde el campo y la ganadería actuaron de colchones, los efectos de ésta han sido muchos más matizados. De todos nosotros, SPA, sindicatos agrarios, cooperativas agrarias, hermandades de agricultores, cámaras y autoridades en la materia, depende que no quede relegado al olvido en la mejora de las condiciones laborales.


Créditos de la imagen: hramovnickEste enlace se abrirá en una ventana nueva

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Comentarios
  • Sergio Garcia
    8 octubre 2014a las 23:27

    Muy buen artículo. Enlaza diferentes conceptos y a modo de conclusión, efectivamente, la PRL en la agricultura sigue con un indice de implantacion muy bajo comparado con otros sectores.

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Sobre el autor

  • Jose Luis Guadamillas GómezJose Luis Guadamillas Gómez

    Jose Luis Guadamillas es Adjunto a Director Médico Territorial-Castilla La Mancha y Murcia

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