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Nanoseguridad: el camino hacia una nanotecnología segura

¿Sabés qué es la nanociencia? ¿Conoces sus beneficios? Sigue leyendo… La nanociencia está sentando las bases científicas para una revolución tecnológica, con aplicaciones en áreas tan diversas como la información y la comunicación, los materiales, la energía o la medicina. Proporciona además conceptos que ya han dejado atrás el laboratorio y que han entrado en el terreno comercial, alcanzando casi todos los sectores industriales, con el consiguiente impacto económico.

Las perspectivas de crecimiento para el mercado nanotecnológico son espectaculares, incluso en esta época de crisis. Se ha estimado que las ventas de productos con componentes nanotecnológicos fueron en 2012 de 731.000 millones de dólares y se prevé un crecimiento por encima de cuatro billones de dólares para 2018.[1]

En marzo de 2006 se compiló en Estados Unidos el primer registro de productos comerciales que empleaban algún tipo de nanotecnología.[2] El número de productos fue entonces de 212 y contenía algunos dispositivos electrónicos, materiales de alta tecnología y cosméticos. Ese mismo listado ha llegado actualmente a 1825 productos, pero no incluye ni mucho menos todos los disponibles, que se estiman en más de 4000. Hoy en día son los artículos relacionados con la salud y el bienestar personal los que dominan en los inventarios de productos derivados de las nanotecnologías, representando más de la mitad de los artículos registrados. La mayor parte de estos productos se manufacturan en los Estados Unidos y China.

En España existe una actividad de investigación científica muy considerable que, afortunadamente, no desdeña las aplicaciones: en número de patentes relacionadas con la nanotecnología nos situamos por delante de países como Italia o Rusia.[3]

Junto con el desbordante interés académico e industrial que la Nanotecnología despierta, han comenzado a elevarse voces que cuestionan la seguridad de los nanomateriales para la salud humana. Nanopartículas y nanohilos de variada naturaleza han demostrado repetidamente su capacidad de atravesar membranas biológicas, alcanzando no sólo el citoplasma sino el núcleo de distintos tipos de células. Esta característica, al mismo tiempo que posibilita prometedoras aplicaciones biomédicas, plantea también interrogantes en cuanto a los efectos biológicos adversos observados. Existe una preocupación creciente no sólo por los riesgos reales del manejo de nanomateriales, que siempre pueden minimizarse con las medidas adecuadas, sino porque la percepción de estos riesgos por parte del público puede cambiar la imagen favorable que los sondeos de opinión reflejan en relación con la Nanotecnología[4].

En este punto se plantea un dilema: por un lado se reconoce la posibilidad de que algunos nanomateriales puedan tener efectos adversos para la salud, y se admite que la complejidad de los fenómenos involucrados requerirá mucho tiempo y esfuerzo hasta que se conozcan. Por otro, es evidente que el desarrollo de la Nanotecnología no puede detenerse debido a los beneficios sociales y económicos que representa. Por ello se investiga en desarrollos de ingeniería para gestionar los riesgos mediante el análisis del comportamiento de las nanopartículas en el medio ambiente, así como para poner en marcha procedimientos adecuados para su retirada y desecho. Se parte de la base de que no deben aceptarse sin más las normas actuales de seguridad que se aplican a compuestos químicos, porque su comportamiento presenta suficientes diferencias como para que los métodos habituales sean inadecuados en determinados escenarios.

En la actualidad, la concentración de nanomateriales artificiales en el ambiente general es baja, por lo que los lugares más expuestos a los riesgos asociados a las nanopartículas son las industrias que fabrican o procesan productos con nanomateriales y los laboratorios de investigación. En este sentido, cabría esperar que los manipuladores de nanomateriales fuesen conscientes de los riesgos potenciales y actuasen en consecuencia, pero la realidad dista mucho de esa situación ideal.

En un estudio llevado a cabo entre marzo y junio de 2009 en más de 200 centros de investigación en nanociencia en todo el mundo, se llegó a la conclusión de que la mayor parte de los investigadores en nanotecnología no emplean el equipamiento de protección individual o general adecuado cuando trabajan con nanopartículas que pueden dispersarse en el aire.[5] El mismo estudio muestra que el desecho de residuos conteniendo nanomateriales en esos mismos laboratorios con frecuencia se lleva a cabo de forma inapropiada, y que las prácticas de seguridad e higiene son deficitarias en algunos aspectos fundamentales.

Existen varias razones para estas carencias, tales como la familiaridad de los investigadores con los nanomateriales, que puede llevar a una subestimación de los riesgos, así como el hecho de que los estudios de toxicidad se centran en la respuesta biológica ante una exposición corta de alta intensidad en lugar de considerar la exposición crónica a bajas concentraciones. Pero quizás el factor más importante sea la falta de límites de exposición válidos para nanopartículas, similares a los habitualmente utilizados para compuestos químicos convencionales (como los valores límite umbral o TLV), lo que dificulta el establecimiento de protocolos de seguridad para ambientes de trabajo.

En resumen, el esfuerzo investigador en nanoseguridad es clave para el desarrollo de la nanotecnología. Lejos de impedir el progreso de las tecnologías asociadas a los nanomateriales, pretende establecer métodos para que este progreso se lleve a cabo con respeto a la salud y la seguridad de los trabajadores, el público y el medio ambiente.

Mientras no exista información específica sobre las características de peligrosidad de un determinado tipo de nanomateriales debe aplicarse el principio de precaución (es decir, considerarlo como si fuese un material peligroso), minimizando su manejo en seco y evitando su dispersión mediante el encerramiento de las operaciones, de acuerdo con lo que recomiendan las principales instituciones en este campo[6],[7]. Debemos conseguir que, tal y como se vaticina, la nanotecnología se convierta en la próxima revolución industrial, pero que, a diferencia de revoluciones tecnológicas anteriores, lo consiga con el mayor respeto a la seguridad, la salud y el medio ambiente.

[1]Lux Research, State of theMarketReport "Nanotechnologyupdate: corporations up theirspending as revenuesfor nano-enabledproductsincrease", 2014, https://portal.luxresearchinc.com/research/report_excerpt/16215

[2]Proyecto en Nanotecnologías Emergentes (PEN). The Woodrow Wilson International Center for Scholars, http://www.nanotechproject.org/cpi/products/

[3] D. C. Maclurcan (2008) "Nanotechnology and Developing Countries
Part 2: What Realities?" http://www.azonano.com/Details.asp?ArticleID=1429

[4] T. Satterfield y cols. Nature Nanotechnology 2009, 4, 752

[5] F. Balas y cols.,Nature Nanotechnology 2010, 5, 93

[6] Scientific Committee on Emerging and Newly-Identified Health Risks "The Appropriateness of the Risk Assessment Methodology in Accordance with the Technical Guidance Documents for New and Existing Substances for Assessing the Risks of Nanomaterials" (European Commission, 2007)

[7] National Institute of Occupational Safety and Health "Approaches to Safe Nanotechnology" (NIOSH, 2009)

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Sobre el autor

  • Francisco BalasFrancisco Balas


    Investigador Ramón y Cajal de la Universidad de Zaragoza. Colaborador del Instituto de Nanociencia de Aragón. Colaborador de la Cátedra Premap de Prevención de Riesgos Laborales

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