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Lesión medular por zambullidaLesión medular por zambullida

Lesión medular por zambullida

¿Has visto Mar adentroEste enlace se abrirá en una ventana nueva? La película cuenta la historia real de Ramón Sampedro, un marinero gallego que queda tetrapléjico como consecuencia de un accidente durante su juventud. La película no disimula al contar cómo la parálisis cambia la vida de Ramón –imagínate, pasa de perderse entre las olas a estar amarrado a una silla de ruedas– y también de quienes le quieren y le cuidan. Y nos muestra el momento exacto en que la vida de Ramón no volvería a ser como antes: el momento en que decide lanzarse al agua desde un acantilado sin conocer qué había bajo la espuma.

Cada año se producen en España alrededor de 1.000 lesiones medulares. De éstas, en torno al 5% están causadas por zambullidas arriesgadas en piscinas, ríos o playas. El perfil del accidentado no cambia: varón, menor de 30 años y víctima de un traumatismo en las vértebras cervicales. Las consecuencias pueden ir desde unas molestias para toda la vida hasta la pérdida de movilidad localizada o, en el peor de los casos, la paraplejia.

Aunque puede suceder en cualquier masa de agua, la mayoría de los casos se dan en ríos, donde se combinan las aguas poco profundas y turbias con la cercanía de plataformas en altura (rocas, árboles, columpios, tejados…) que permiten alargar la caída hasta el agua. Estas zambullidas son un atractivo para los jóvenes bañistas, que no prevén el peligro al que se exponen. Un impulso insuficiente, unas rocas que la corriente no deja ver o tirarse de cabeza a unas aguas cuya profundidad se desconoce suelen ser la antesala del dolor. En el mejor de los casos, un intenso dolor que te alejará del agua en lo que reste de verano.

¿Cómo evitarlo? El sentido común vuelve a ser nuestra mejor defensa. La regla de oro es nunca tirarse al río o al mar si antes no has nadado y buceado por allí, si no sabes qué hay bajo las aguas. Y si ya conoces la zona, y sabes a ciencia cierta que no hay rocas salientes del lecho marino, ni escalones de piedra o maleza ocultos por la arena o las plantas ni ninguna formación rocosa, entonces, y sólo entonces, podrás tirarte con cuidado y con los pies por delante.

¿Qué ocurre con tirarse de cabeza? Una zambullida de cabeza en aguas desconocidas es el camino más corto al hospital. Es una forma arriesgada de introducirse en el agua, así que hay que elevar la atención. Tirarse de cabeza sólo es seguro en profundidades mayores del metro y medio, y siempre desde una altura razonable: un salto por encima del metro de altura sobre el agua es suficiente para lesionarnos el cuello o la cabeza si no protegemos convenientemente nuestra cabeza. La técnica más accesible pasa por extender los brazos y las manos sobre la cabeza, alargando así el cuerpo, para que, justo cuando alcanzamos el agua, nuestras manos dispersen la fuerza del impacto y faciliten la entrada del resto de nuestro cuerpo en el agua.

Créditos de la imagen: Cathy YeuletEste enlace se abrirá en una ventana nueva

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Comentarios
  • Zigor
    15 septiembre 2014a las 12:13

    Buen artículo, lástima que haya salido en septiembre cuando el verano está tocando a su fin…
    Lo aplicaremos para lo que resta y para el verano siguiente,
    Saludos

    Prevenidos
    16 septiembre 2014a las 9:33

    Hola, Zigor, nos alegramos mucho de que te guste. Es verdad que ya queda poco para termine el verano, pero como bien dices, lo recordaremos el próximo. Un saludo.

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