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Intolerancias alimentarias: ¿cuáles son las más frecuentes y cómo nos afectan?Intolerancias alimentarias: ¿cuáles son las más frecuentes y cómo nos afectan?

Intolerancias alimentarias: ¿cuáles son las más frecuentes y cómo nos afectan?

En los últimos 10 años el número de personas con alergias y/o intolerancias alimentarias no paran de incrementarse. Se estima que hay alrededor de 140 millones de personas con alergias e intolerancias en el mundo.

Existen muchas hipótesis para explicar esta tendencia, aunque la que cobra más fuerza es que estamos mucho más protegidos frente a infecciones mediante vacunas y productos para el cuidado de la higiene. Todo ello hace que el organismo no se exponga tanto a los gérmenes, pero que, sin embargo, estos productos afecten al sistema inmunitario y deriven en un incremento de reacciones alérgicas a determinados alimentos.

Con las intolerancias no hay ninguna hipótesis que esté comprobada al cien por cien y que explique por qué cada vez hay más celíacos, intolerantes a la lactosa, etc; aunque es cierto que la hipótesis que cobra más fuerza y que los expertos mencionan más a menudo es la sobre-exposición al alimento.

Diferencias entre alergias e intolerancias alimentarias

La alergia es una reacción a un alimento o a uno de sus componentes que activa al sistema Inmunológico. Esto da lugar a la producción de anticuerpos IgE, que activan a los mastocitos, entre otras células, que a su vez liberan histamina. Esto produce reacciones que normalmente son leves y localizadas, pero que en algunos casos dan lugar a una reacción grave con peligro de muerte y que requieren tratamiento inmediato.

Una intolerancia alimentaria puede tener algunos síntomas similares a las alergias (diarreas, nauseas, dolor abdominal, etc), pero en estos casos el sistema inmunológico no interviene. Se debe a que el cuerpo no puede digerir un alimento o un componente del mismo.

Respecto al tratamiento, mientras que en el caso de una alergia requiere retirar el alimento completamente de la dieta, los intolerantes pueden consumir pequeñas cantidades del alimento sin tener síntomas (excepto en los intolerantes al gluten o al sulfito, que deben eliminarlos totalmente).

Las intolerancias alimentarias más frecuentes son a la lactosa y al gluten

En el caso de la intolerancia a la lactosa, parece que el hábito de tomar leche influye de forma importante. Las zonas geográficas que tradicionalmente han sido ganaderas en las que generación tras generación se han alimentado con leche animal, como en el norte de Europa, presentan un menor porcentaje de personas con intolerancia a la lactosa.

La intolerancia a la lactosa se debe a una disminución de la actividad de la enzima lactasa que es la que descompone la lactosa en azúcares más simples para poder absorberlos. Cuando la actividad de la enzima es demasiado baja, la lactasa sin digerir pasa al intestino grueso donde fermenta provocando flatulencias, dolor y diarrea. Un 70% de la población adulta del mundo no tiene suficiente lactasa (en España alrededor del 40%) con lo que tiene cierto grado de intolerancia a la lactosa. Los quesos duros (por su bajo contenido en lactosa) y productos fermentados como el yogur, en general son bien tolerados.

La intolerancia al gluten, es un trastorno que aparece cuando el cuerpo no puede tolerar estas proteínas procedentes de la harina de trigo. La prevalencia de esta afección llamada celiaquía está infravalorada. Se considera que uno de cada cien europeos es celíaco estimándose que hay un 75% sin diagnosticar.

En el caso de la celiaquía, la teoría más sostenida es que es debida a la calidad del trigo que se consume en la actualidad. La proporción de gluten en el trigo que consumimos ha ido aumentando de forma espectacular por la alteración de los cereales (transgénicos). Estos contienen más cantidad de una parte del gluten llamada gliadina, que es la que da al pan y a las masas la elasticidad que hace que no se desmiguen, por lo que parece que la sobreexposición al gluten es lo que lo causa. También en los últimos años se ha hecho un gran trabajo para mejorar el diagnóstico de los celíacos, lo que también influye en el aumento de personas diagnosticadas.

En el caso de la celiaquía, si el enfermo consume alimentos que contengan gluten la mucosa del intestino se daña, impidiendo la absorción de otros nutrientes como grasas, azúcares o proteínas, dando lugar a síntomas del tipo de pérdida de peso, irritabilidad, diarreas y otros síntomas que en los niños puede provocar desnutrición. Cuando se elimina el gluten de la dieta, la mucosa intestinal se regenera y desaparecen los síntomas. El seguir consumiendo gluten cuando se es intolerante puede dar lugar a complicaciones más graves que son fáciles de evitar cumpliendo las recomendaciones de los médicos especialistas.

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