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Cómo clasificar los problemas de salud en el trabajo

¿Cómo decidimos si un trabajador tiene la posibilidad de trabajar, a pesar de padecer o haber padecido un problema de salud, con o sin limitaciones? La Asociación Médica Americana (AMA), propone un modelo para valorar estas situaciones en el que hay que considerar tres términos: riesgo, capacidad y tolerancia.

El riesgo se refiere a la posibilidad de daño para el trabajador, compañeros o terceras personas, ya sea debido al trabajo o al medio ambiente laboral. Por ejemplo, el conductor de vehículos o piloto de aviación con epilepsia y crisis de difícil control. El trabajador puede realizar la tarea (conducir) pero no debe hacerlo. Desafortunadamente, hay muy poca literatura científica al respecto. El daño que argumente esta situación debe ser un empeoramiento objetivo y verificable en las condiciones del paciente y no un mero incremento de los síntomas previamente presentes, como el dolor o el cansancio.

La capacidad se refiere a conceptos como fuerza, flexibilidad y resistencia. Estos son medibles con un grado razonable de precisión científica (grados de movilidad, METs, etc.). La capacidad indica que el individuo está preparado para llevar a cabo una tarea. Un individuo con un desgarro del manguito de los rotadores que le impida levantar el brazo lo suficientemente alto como para alcanzar los controles de una máquina es un ejemplo de falta de capacidad.

Y en cuanto a la tolerancia, se trata de un concepto psicofisiológico. Es la posibilidad de sobrellevar un trabajo sostenido o una actividad de un nivel determinado. Los síntomas como el dolor o el cansancio son los que limitan la posibilidad de hacer las tareas en cuestión. El paciente puede tener la capacidad para realizar una determinada tarea (sin limitaciones), pero no la posibilidad de hacerlo cómodamente. La tolerancia no es científicamente medible o verificable y depende de las recompensas disponibles por realizar una actividad concreta. Cuando un paciente describe su intolerancia a una actividad, podemos considerarla como la base para las limitaciones de la actividad laboral. Sin embargo, los síntomas por sí solos no producen un daño.

La AMA recomienda que las limitaciones para el trabajo deben basarse en el riesgo que puede ocasionar la actividad y en la capacidad para poder desarrollarlo, pero en ningún caso en la tolerancia.

Por otro lado, la OMS propone la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF). Este modelo consta de tres componentes principales: funciones y estructuras corporales, actividad y participación.

  1. Funciones y estructuras corporales: las funciones fisiológicas de los sistemas corporales (incluyendo funciones psicológicas) y las partes anatómicas del cuerpo, respectivamente; los cuales pueden variar desde un estado normal, en términos de deficiencias, hasta algún grado de desviación significativa o menoscabo.
  2. Actividad: la realización de una tarea o acción por una persona y las limitaciones de esa actividad, tales como las dificultades que la persona puede tener en el desempeño/realización de las actividades.
  3. Participación: el acto de involucrarse en una situación vital y las restricciones en la participación, tales como los problemas que una persona puede experimentar al involucrarse en situaciones vitales.

Estos componentes forman el modelo de funcionamiento y la discapacidad de la CIF. El funcionamiento de un individuo en un dominio específico se entiende como una relación compleja o interacción entre la condición de salud y los factores contextuales.

condición saludcondición salud

Todos los componentes de la CIF se cuantifican utilizando la misma escala genérica. Tener un problema puede significar tanto una deficiencia, como una limitación, restricción o barrera. Este método clasifica los problemas de salud en cinco grados funcionales (del 0 al 4). El 0 implica que no hay ningún problema o es insignificante y el 4 implica un problema total.

Los grados funcionales de la CIF encajan la mayoría de las veces con el concepto de capacidad de la AMA.

Por lo tanto, valorando de forma conjunta los criterios de la AMA y de la CIF podremos tener una aproximación lo más objetiva posible a la posibilidad de que un trabajador pueda seguir desarrollando sus tareas en un puesto de trabajo determinado, a pesar de tener un problema de salud.

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