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Buenos propósitos alimenticios que sí podrás cumplir el año que viene

Pasan las fiestas y quien más o quien menos se plantea empezar el año con buen pie, vamos a cuidarnos más, hacer algo de ejercicio, pasar más tiempo de calidad con la familia, … pero parece que todos nuestros buenos propósitos afectan a nuestro tiempo de ocio.

Teniendo en cuenta que durante el horario laboral es frecuente ingerir dos de las comidas principales del día, generalmente desayuno y comida, quizá sea un buen momento para reflexionar sobre cómo podemos mejorar nuestra salud también en el trabajo.

Los últimos avances en nutrición apuntan hacia el concepto de que las calorías influyen, por supuesto, pero no sólo por su cantidad sino también por su origen. Aunque a veces pueda parecerlo, no nos alimentamos únicamente por placer y por cuestiones sociales y culturales, sino que nos alimentamos para proveer a nuestro organismo de aquellos nutrientes necesarios para mantener la salud y para obtener energía suficiente para desarrollar nuestra actividad diaria sin dificultad. Más allá de las modas, debemos tener estos dos conceptos en mente y equilibrar siempre aporte calórico con nutricional. Ingerir pocas calorías vacías de nutrientes nos llevará a la disminución de peso y a la desnutrición, consumir muchas calorías nos llevará a la obesidad, con o sin desnutrición. Debemos buscar aquellos alimentos que nos alimenten y que nos den las calorías justas para mantenernos en un peso saludable.

Nuestros requerimientos dependerán de nuestras características personales (sexo, edad, constitución, embarazo o lactancia, actividad deportiva, patologías existentes) y de los requerimientos propios de nuestro puesto de trabajo. A grandes rasgos, un puesto administrativo en un edificio cerrado haría recomendable una dieta baja en calorías y rica en vitaminas antioxidantes, mientras que una persona con un trabajo con alta carga física necesitará un mayor aporte calórico, de bajo índice glucémico para evitar fluctuaciones en los niveles de energía, y alimentos ricos en minerales que compensen las pérdidas por la sudoración.

Idealmente, deberíamos asesorarnos por un especialista en nutrición sobre cuál es la mejor dieta para cada uno de nosotros, pero hay unas reglas generales que podemos aplicar con facilidad:

  • En el desayuno, elige fruta fresca, algo de proteína, carbohidratos de bajo índice glucémico (evita azucares añadidos, harinas refinadas, bollería, etc) y un café o té.
  • En el restaurante, elige un primero de verdura o ensalada, un segundo a la plancha y de postre yogur natural o fruta.
  • Si llevamos la comida de casa, prepara una verdura con algo de proteína (dos tercios de verdura y un tercio de proteína), o legumbres en ensalada o estofadas con verduras o pollo, o verduras con arroz integral y proteína…
  • Evita los "snacks" de las máquinas expendedoras, incluso las vendidas como opciones sanas pueden contener azucares y/o grasas saturadas. Opta por fruta o un puñado de frutos secos naturales o incluso una ración pequeña de queso o jamón.
  • No excluir las grasas, pero sí optar por aquellas más saludables, nuestro aceite de oliva, frutos secos, aguacates, etc.
  • El agua siempre a mano, evitando los refrescos artificiales con o sin azúcar. Idealmente no deberemos esperar a tener la sensación de sed para tomar un sorbo.

Créditos de la imagen: hxdbzxy Este enlace se abrirá en una ventana nueva

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Comentarios
  • Zigor
    12 enero 2015a las 9:58

    Interesante artículo… tengo entendido que además de esto es interesante tener en cuenta no solo cuanto y que tipo de alimento tomamos, sino además el momento u hora del día en que lo hacemos dentro de nuestro ciclo circadiano, ¿es así…?

    Prevenidos
    13 enero 2015a las 12:22

    Dentro de la generalización y dependiendo de nuestro objetivo (mantener o variar el peso, o simplemente nutrirnos bien), sí es cierto que algunos grupos de alimentos pueden venir mejor que otros según nuestro ritmo circadiano.

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