Quirónprevención | Prevención de riesgos laborales

Almuerzo en lo alto de un rascacielosAlmuerzo en lo alto de un rascacielos

Almuerzo en lo alto de un rascacielos

Pocas cosas fascinan tanto como la combinación de altura y riesgo. Una prueba de lo que digo es la famosa foto "Lunch atop a Skyscraper", que según algunos estudios sería obra del fotógrafo Charles C. Ebbets.

La foto fue tomada durante la construcción del edificio General Electric del Rockefeller Center en septiembre del año 1932, y se publicó en el New York Herald Tribune el 2 de octubre del mismo año.

Mucho se ha escrito sobre esta foto y una de las cosas que me llamó la atención es que, según se comenta, la fotografía sirvió para denunciar la falta de medidas de seguridad de los trabajadores en esa época. La idea tiene sentido, ya que en la construcción de estos rascacielos raro era el día en que no fallecía algún trabajador por caída en altura; sin embargo, creo que en ningún caso fue ésta la intención inicial: viendo algunas de las imágenes de los fotógrafos que hicieron este reportaje podemos comprobar que ellos se sometían a un riesgo idéntico al de los operarios de la construcción.

Fotógrafo rascacielosFotógrafo rascacielos

Por ello, me decanto más por la idea de que los trabajadores tenían asumidas esas condiciones de trabajo hasta el punto de considerarlo parte del mismo. Los obreros que levantaron Manhattan eran mayoritariamente emigrantes que estaban dispuestos a aceptar cualquier trabajo por precario que fuera. De hecho, algunos de los protagonistas de la foto que han sido reconocidos eran canadienses e irlandeses. Y, con independencia de la intención de la foto, lo que finalmente quedó inmortalizado por la cámara fue el valor de estos hombres y la grandeza de su trabajo, que suponía la encarnación del sueño americano: personas que llegaron a New York sin nada y que en pocos años conseguían ser prósperos ciudadanos americanos. El resultado final fue un homenaje a todas estas personas que en pocas décadas construyeron la gran ciudad que hoy conocemos.

Las condiciones económicas de estos obreros eran muy buenas: la jornada podía pagarse a más de 10 dólares, una autentica fortuna para la época. Pero en muchos casos el precio que tuvieron que pagar fue el de sus vidas; vidas que como tantas otras podían haberse salvado de una forma muy fácil y barata, seguramente por menos de la décima parte de lo que ganaban en un día.

Hoy conocemos muchas técnicas para trabajar en altura, disponemos de líneas de vida, arneses de seguridad, redes, etc. Pero sin llegar a esto y hasta con la utilización de los medios más obsoletos que ya existían en la época, se hubieran podido salvar muchas vidas.

Dejo una pregunta en el aire, y nunca mejor dicho: si estos once hombres hubieran llevado arnés o al menos un cinturón de seguridad en la foto, ¿esta sería una de las fotos más vendidas y difundidas de la historia…? Yo creo que no; es más que probable que en el año 2015 no hubiésemos estado hablando hablando de ella y seguramente estaría cogiendo polvo en el archivo fotográfico del Rockefeller Center. Y es que, como decía al principio, el riesgo seduce, está socialmente admitido y por desgracia en algunos casos como el que nos ocupa es muy valorado. Este es uno de los problemas que todavía hoy nos encontramos las personas que tratamos de hacer prevención de riesgos laborales.

Créditos de la imagen principal: daily sunnyEste enlace se abrirá en una ventana nueva

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Comentarios
  • Nayra Baños Salgado
    5 febrero 2015a las 13:02

    Muy cierto lo que cuentas, Gabriel, y lo mismo ocurre en el ámbito de la Salud. Ahora hay más medios, todos tenemos acceso a la información y conocemos mucho más sobre Medicina que nuestros antepasados y sin embargo, en muchas ocasiones desoímos los consejos sobre hábitos perjudiciales y costumbres malsanas que sabemos a ciencia cierta que nos hacen daño. Será como tú dices que le riesgo nos seduce, reivindicamos nuestra libertad de elección y decisión pero, ¿estamos dispuestos a pagar el precio de las consecuencias con nuestra vida?

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Sobre el autor

  • Gabriel RodríguezGabriel Rodríguez

    Subdirector del Área de Desarrollo Técnico de Quirónprevención

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